CRÓNICA DEL CROSS DE CUERDA LARGA CONTADO POR UN NOVATO EN EL TRAIL RUNNING

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Este Septiembre traía novedades a mi vida en forma de reto deportivo. Mi amigo Jorge Salazar, a quien la mayoría en TrailXtrem ya conoceréis, me conseguía engañar y me apuntaba a la que hasta la fecha era carrera más larga que he corrido nunca. Hablo del Cross de Cuerda Larga, aunque de cross solo tenía el nombre. 26km con 1.517m de desnivel positivo acumulado, con salida en Miraflores de la Sierra y llegada en el puerto de Navacerrada.

Al principio reconozco que estaba acojonado, por la distancia, si, pero sobretodo por el desnivel y lo que me habían contado sobre el terreno por donde transcurría la prueba. Además un par de problemas físicos provocaban que solo tuviera 40 días para preparar la carrera empezando prácticamente de 0. Pero me propuse llegar lo mejor posible para no solo terminar, sino hacerlo lo más decentemente posible, y aunque hubo altibajos, la preparación me hizo evolucionar poco a poco hasta alcanzar un estado de forma óptimo para afrontarlo con garantías.

Semanas antes acudí a TrailXtrem a por unas buenas “ruedas” que me sirvieran para el terreno. Salí de allí con unas Inov-8 Race Ultra 270 que me vendrían como anillo al dedo. Eso, junto con mi nueva equipación del Team TrailXtrem, hacían que tuviera aún mas motivación conforme llegaba el día.

Así pues llegaba el día de la prueba. Finales de Octubre con previsión de frío. A las 7 de la mañana aparcaba mi coche en el puerto de Navacerrada y allí tenía a Jorge esperándome para recoger los dorsales y montar al autobús que nos puso la organización para ir a Miraflores de la Sierra. Ya en el bus, me evado un poco con el móvil al ritmo de MUSE y Daft Punk. Pocos nervios, muy pocos para lo que yo acostumbro.

Llegamos a Miraflores y quedan unos 40 minutos para la salida. Empieza el cosquilleo típico previo a las carreras y los nervios hacen que me entren ganas a cada rato. Nos cambiamos, y abrigamos bien, me pongo mi nueva camiseta del TrailXtrem Team y preparamos las mochilas. Todo listo para comenzar la prueba, no sin antes calentar 10 minutos y volver a ir al baño. Nos posicionamos al final de pelotón en la salida, 500 personas delante de nosotros, y empezamos la cuenta atrás.

10, 9. 8. 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1…

Justo cuando se da la salida le digo a Jorge, “espérame en la meta”. Él ya ha corrido varias carreras largas, entre ellas alguna como Transvulcania y TP60. Mi objetivo es seguirlo hasta donde sea capaz, ya que con su experiencia y ayuda podría llevar un ritmo asequible hasta que mis piernas dijeran basta. Comenzamos durante 2km llanos en asfalto que nos sacan del pueblo. Corremos adelantando gente por los laterales, viendo como, a lo lejos, en cabeza, van todos como motos, así que vamos haciendo chistes y soltando chascarrillos a la vez que avanzamos. De repente giramos, abandonamos el asfalto y empezamos a ascender Morcuera. Nos esperan unos 5km de ascensión ininterrumpida hasta coronar. Yo me limito a coger el ritmo de Jorge y seguir animando el ambiente con nuestra jerga.

 

Enseguida me doy cuenta que las previsiones meteorológicas eran muy pesimistas, así que me quito los guantes, la braga y los meto en la mochila. Mientras seguimos avanzando, empiezo a entender porque a veces en el trail hay ritmos tan lentos. Muchas zonas las hacíamos andando, y además llevábamos una fila de gente delante que nos hacía imposible avanzar, ya que íbamos en fila india y dependemos de la velocidad de la persona de delante hasta poder adelantarle. Cuando por fin encontramos terreno más cómodo, empezamos a correr y adelantamos poco a poco corredores. Esto se convertiría en la tónica general de la carrera, no paramos de adelantar en todo momento.

Casi sin darnos cuenta, ya llevamos 57min y llegamos a lo alto de Morcuera, sobre el km 7-8 de carrera. Allí tenemos avituallamiento, y para que negarlo, era la primera vez que me encontraba algo así en una prueba. Plátano, naranja, gominolas, frutos secos, chocolate en tabletas, conguitos, agua, isotónica… No faltaba de nada.

Tras un minuto cargando reservas, proseguimos la aventura. Encaramos una zona mas fría y sombría camino del Collado de la Najarra, donde nos encontraremos un terreno técnico por el que nos cuesta adelantar gente y avanzar con facilidad. Además, empieza a notarse la altitud, ya que coronaremos el collado por encima de 2.000m, poca broma.

Según vamos sumando km yo me voy viendo cada vez mejor y con ganas de ir aumentando el ritmo, pero Jorge, que es más diesel, me hace retenerme y me sirve como referencia para no cebarme y acabar pagándolo en el futuro. Pese a ello, él me dice varias veces que si quiero me vaya para delante, pero nada, de momento vamos juntos hasta ver si mis piernas siguen respondiendo cuando pasemos a las zonas duras.

Subimos Bailanderos, que se corona a 2.126m y tenemos una leve bajada hasta la siguiente subida, Asómate de Hoyos, que coronaremos a unos 2.230m. Todo este recorrido se va haciendo por la cresta de la montaña, con zonas mas o menos técnicas pero que van endureciendo la prueba. Cuando coronamos Asómate de Hoyos nos encontramos con el 2º punto de avituallamiento (km14), donde nos rellenamos la bebida. Seguimos avanzando sin apenas detenernos. Aquí cometo un error de novato, que es llenarme la boca de Conguitos, que se me hacen bola y que tardo unos 5 minutos en conseguir ingerir, con lo que me va afectando a la respiración y me hace sentirme un poco mal, pero aun así seguimos avanzando, adelantando gente y nos acercamos a la zona que mejor me viene, el Collado de las zorras, terreno bastante corrible y a 2.177m de altitud.

Son ya 15km de carrera, pero me siento fuerte, las zapas nuevas parece que responden a la perfección, y en esta zona tan favorable para mí aprovecho y subo el ritmo. Mi sorpresa viene cuando unos minutos mas tarde miro para atrás y veo que Jorge viene unos 200m por detrás, durante 30 segundos bajo el ritmo y me planteo si esperarle o ya tirar solo hasta el final. Como nos acercamos a una zona que conozco y ya estamos sobre el km 16, me decido a seguir yo solo, pensando que probablemente cuando vayan pasando los km volverá a cogerme. Para mi sorpresa esto no ocurrió, pero sigamos con la aventura.

Sigo avanzando, me acerco a una subida dura y la que será la altitud máxima de la prueba, Cabeza de Hierro Mayor, que nos llevará a 2.381m. El clima sorprendentemente es muy bueno, la altitud no se nota tanto como pensábamos y hace un sol que viene genial para que el cuerpo no coja frío. Empiezo a notar los gemelos cargados, delante a lo lejos veo un par de camisetas naranjas del club Trailxtrem Team, así que les saludo, y continuo mi camino bajando hacia Valdemartín.

Esta zona es de las mas técnicas de la prueba y aquí bajando me acelero demasiado y el tobillo se me va. Piso mal una piedra y acabo torciéndome el tobillo de forma fuerte. Al parar por el dolor el soleo me hace un amago de subirse, con lo que paro a estirar unos segundos mientras uno de mis compañeros del club me sobrepasa, me anima y me dice que no pare. Aquí agradecí bastante el apoyo y el que varios corredores cercanos se preocuparan por mi. Enseguida me recupero y sigo bajando hasta que los adelanto y sigo mi carrera.

Ya llevo 20km y empiezo a subir Valdemartín. Aquí me encuentro a Edmundo, corredor del TrailXtrem que ha venido de espectador. Me ve a lo lejos, me reconoce y saca una camiseta del club que comienza a ondear a modo de banderola y a no parar de gritarme y animarme. La conversación aquí me hizo mucha gracia:
– Que tal, como vas?
– Jodido, me acabo de torcer un tobillo y se me empiezan a subir los gemelos.
– Vale, tu no hables. Tranquilo, no hables. Sigue avanzando, sube a tu ritmo sin parar que coges a los de delante.
– Queda mucho para el avituallamiento?
– Tranquilo tu corre y no hables, está ahí arriba, no te queda nada. Sigue subiendo y cuando llegues ahí delante sonríe, que hay un fotógrafo, y vamos que no te queda nada. Vamos tío…!

Así que hice caso a Edmundo y continué mi subida hacia el avituallamiento. Sin correr ya que era subida dura y mis piernas ya iban muy castigadas. Cuando por fin corono, me relleno de agua las botellas, me meto un par de gominolas en la boca y ya toca lanzarse a la bajada que me llevará a Bola del mundo (conocido como alto de Guarramillas).

Encaro la bajada, muy empinada, e intento no acelerar demasiado porque mi cuerpo va casi al límite y queda la última ascensión. De este modo llego a la base para empezar a subir a Bola. Estos últimos km lo positivo era que se veía mucha gente haciendo senderismo y que animaba, cosa que me vino genial. Veo al fondo la cima y delante llevo 5-6 corredores, así que me propongo llegar a la meta por delante, además miro el reloj y veo que tengo opciones de acabar en sub 3h30, me vengo arriba e intento acelerar. Corono Bola, y comienzo la bajada adelantando a una pareja de runners. A los pocos metros abandonamos el terreno montañoso y bajamos por el camino de cemento (por donde suben los ciclistas en la vuelta). Km 22 y ya todo lo que viene por delante es bajada, toca disfrutar, o eso pensaba yo.

Durante los 2km que bajamos por cemento mis sensaciones eran muy variables, me veía muscularmente muy cargado, pero con fuerzas para ir rápido, de hecho me hice esos 2km por debajo de 4.10, pero el tobillo que me había torcido, con el fuerte impacto de la bajada, me molestaba bastante. Además llevo el cordón desabrochado y no me siento muy seguro, aún así adelanto a todos los que llevaba por delante, pero de repente nos sacan del camino de cemento y nos meten de nuevo a una bajada técnica, y aquí es donde mi cuerpo dice basta.

Solo quedan 2km para la meta, pero tocó sufrir. En la zona de bajada mas técnica parecía un abuelo, con mucho cuidado y con quejidos de dolor de vez en cuando. Giramos y cogimos una zonas más suave y corrible, mis gemelos no me dejaban ir rápido. Cada vez que intentaba acelerar hacían el amago de subir, y aunque ya veía la meta abajo, en el puerto de Navacerrada, no era capaz de poder ir rápido. El último km me le pasé mirando la meta y el reloj al mismo tiempo, hasta que vi que ya me era imposible bajar esas 3h30 y me tuve que conformar con llegar a la meta.

Ya en el asfalto del puerto y con mucha gente animando, a pocos metros de la meta, casi se me escapaban las lagrimas, como mezcla de rabia, emoción y cansancio. El cruzar la meta… Fue una de las sensaciones más gratificantes de mi vida. Así que ahí estaba yo, apoyándome en mis rodillas para no caerme, intentando recobrar el aliento, y aguantando las lágrimas mientras esperaba a que Jorge llegara. Miré el reloj ya sabiendo que había sobrepasado las 3h30 y vi que había hecho 3h31, el 91º en la general. Para ser mi primera vez, acabé bastante decentemente, aunque minutos mas tarde ya me estaba poniendo como reto volver el año próximo y bajar de 3h15min. Apenas unos minutos mas tarde llegaría Jorge, y unos minutos a continuación los otros compañeros del club.

Para finalizar, decir que ha sido una de las pruebas que más he disfrutado en mi vida, y al final es lo que importa en esto de correr, que hagas lo que hagas, disfrutes con ello. Creo que esto del Trail running va a empezar a engancharme poco a poco y esta solo será la primera de muchas carreras, pero para empezar, no ha ido nada mal.

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